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Salgo al mar, salgo de mi casa y salgo al mar. A diferencia de otros momentos, me gusta ver el mar calmo, azul verdoso. Me transmite una paz que a veces olvido que es parte de mi.

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Un día

Una gorda en el asfalto. Mmmm me van a criticar... Bueno... Una mujer de tamaño importante despatarrada en el medio de la calle. Un viaje, un colectivo, una caminanta y un taxi la llevaron allí. La gente que mira dice que el colectivo no tuvo nada que ver, que la mujer cruzó mal y no se fijó. Pero la policía busca culpar al colectivero porque siempre hay que buscar un culpable. Aunque no sea el verdadero culpable, va a tener que asumir todas las culpas... "Y así quedamos bien". Y en el subte hay una nena de ochenta años. Puede ser porque en realidad no sabe contar y nunca supo que más de 7 no tiene. Tal vez porque ella vivió lo suficiente y en ocasiones mucho más que muchas de las personas de más de ochenta años. Y me dice "Yo cuando duermo, me chupo el dedo y no puedo ir a dormir porque mi mamá me va a retar." La cámara se la dejé a Roberto, porque él sabe bien que es lo que hay que hacer con ella. Aunque sentí que me arrancaba un pedazo y se lo dejaba en el mostra...

Casi perdí mas de lo que tuve...

Lo peor no fue la pelea, no fueron los llantos, no fue caminar cuadras y cuadras discutiendo, ni haber arruinado una noche perfecta. No. Lo peor de todo lo que pasó esa noche, fue su conclusión. Sus palabras, el tono de su voz, como desinteresado, diciendo "Dejame, entonces dejame". Como si esa fuera la única solución posible, lo que yo necesitaba, lo que me haría bien. ¡Claro que no! Pero por alguna razón, capaz para probar que podía, de hecho, vivir sin él, seguí su consejo y me fui sin entender su desinterés o su postura ante la situación. Sin entender nada. Mi sensació n en ese momento era... Como si nada tuviera sentido... Como si todo lo que hubiera hecho antes haya sido en vano y como si todo lo que pudiera hacer de ahora en más, si es que hubiese podido hacer algo, no tenga propósito. Caminé perdida, no sabiendo a dónde ir por un rato hasta que busqué un taxi y sin dejar de llorar le dije a dónde me dirigía, de nuevo, sin saber si realmente quería ir allí....

Amigo...

Apenas salí de la casa empezó a llover. Y sin dudarlo, condené a mi suerte por este detalle meteorológico. Las gotas eran frías, aunque hacía calor, y me pegaban en la cara nublando mi visión, así que no pude ver bien a dónde me dirigía. Por supuesto, conozco tan bien las calles de este lugar que eso no fue un impedimento para seguir caminado, o por lo menos eso pensé. Seguí caminando, confiando en que mis instintos me llevarían al lugar correcto. No tuve en cuenta lo aturdida que estaba, no había tenido una noche fácil. Creo que por eso, no llegué a dónde debía. No podía dejar de pensar en lo que había pasado. No podía sacar esas imágenes de mi cabeza. Continué mi caminata y me di cuenta que estaba perdida. No sabía a dónde había llegado. No reconocía nada alrededor mío. En un lugar que conocía como la palma de mi mano. De pronto, todo se volvió extraño. Ya no distinguía las calles, todas eran nuevas para mí. El silencio alarmante no era parte de lo que recordaba: calles lle...