Lo peor no fue la pelea, no fueron los llantos, no fue caminar cuadras y cuadras discutiendo, ni haber arruinado una noche perfecta.
No.
Lo peor de todo lo que pasó esa noche, fue su conclusión. Sus palabras, el tono de su voz, como desinteresado, diciendo "Dejame, entonces dejame". Como si esa fuera la única solución posible, lo que yo necesitaba, lo que me haría bien.
¡Claro que no!
Pero por alguna razón, capaz para probar que podía, de hecho, vivir sin él, seguí su consejo y me fui sin entender su desinterés o su postura ante la situación. Sin entender nada. Mi sensació
n en ese momento era... Como si nada tuviera sentido... Como si todo lo que hubiera hecho antes haya sido en vano y como si todo lo que pudiera hacer de ahora en más, si es que hubiese podido hacer algo, no tenga propósito.
Caminé perdida, no sabiendo a dónde ir por un rato hasta que busqué un taxi y sin dejar de llorar le dije a dónde me dirigía, de nuevo, sin saber si realmente quería ir allí. Recuerdo que durante el viaje, pensé mucho en las cosas que estaba perdiendo y no encontraba la manera positiva de ver lo que me estaba pasando.
Busqué una parte de mi que me consolara, que me diera fuerzas, que me dijera que todo iba a estar bien. Pero todo me decía que esto no podía haber terminado y que la ansiedad que crecía en mi pecho solo iba a ser saciada en cuanto hablara con él y lo arreglara.
Pero me concentré en seguir lo que se había dicho y contuve mis fuerzas para no caer. Aún más.
Recién cuando las lágrimas se hubieron secado y ya me sentía vacía de tanto llorar. Lo entendí.
Era total y completamente capaz de vivir sin él. Iba a estar bien sabiendo que alguna vez hube amado de esa manera y habría seguido mi vida como si nada. Siempre sabiendo que lo amé, siempre dudando si alguna vez podría volver a amar así. Iba a estar bien, lo sabía. Esto no iba a matarme. Pero también sabía que no sería feliz.
No quería, nunca quise. Pero lo haría si para él era lo correcto, si él consideraba que era lo mejor...
No podría haber estado mas equivocada, pero no lo supe hasta que, luego de una noche entera sin dormir, sonó el teléfono y me dijo que quería hablar conmigo.
Su voz no era la misma que la noche anterior, ahora estaba entumecida, apagada, parecía que el tampoco haya tenido mucho sueño a su favor. Era entrecortada y áspera, por lo que podría jurar, anteriormente, había sido llanto. Estaba preocupado y quería hablar conmigo.
Acordamos juntarnos y hablar cara a cara. De esta forma, podría corroborar lo que había escuchado antes, por lo que me entusiasme ante la idea.
Las manos me temblaban, nunca supe bien si por los nervios o la falta de sueño, mientras esperaba que suene el timbre.
Y se oyó.
Salí disparada con el corazón acelerado y lo vi.
Hermoso como siempre. Mirándome con tristeza en los ojos. Podía sentir, como nunca antes lo hice, cuánto me amaba y me necesitaba en esa mirada. Podía verlo, diciéndolo, abrazándome y no dejándome ir.
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