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Un día

Una gorda en el asfalto. Mmmm me van a criticar... Bueno... Una mujer de tamaño importante despatarrada en el medio de la calle. Un viaje, un colectivo, una caminanta y un taxi la llevaron allí. La gente que mira dice que el colectivo no tuvo nada que ver, que la mujer cruzó mal y no se fijó. Pero la policía busca culpar al colectivero porque siempre hay que buscar un culpable. Aunque no sea el verdadero culpable, va a tener que asumir todas las culpas... "Y así quedamos bien".
Y en el subte hay una nena de ochenta años. Puede ser porque en realidad no sabe contar y nunca supo que más de 7 no tiene. Tal vez porque ella vivió lo suficiente y en ocasiones mucho más que muchas de las personas de más de ochenta años. Y me dice "Yo cuando duermo, me chupo el dedo y no puedo ir a dormir porque mi mamá me va a retar."
La cámara se la dejé a Roberto, porque él sabe bien que es lo que hay que hacer con ella. Aunque sentí que me arrancaba un pedazo y se lo dejaba en el mostrador. Casi lo mismo que me hizo sentir la nena de ochenta años cuando me dijo que se levantó temprano porque tenía que ir a trabajar.
Una caída por la escalera de mentira (y digo de mentira porque la escalera es un horno), una pierna hinchada y cinco días de reposo para las madres preocupadas de las Eddas de todo el mundo. Un poco de hielo y a otra cosa, ahora vení que tenés que trabajar.
Un señor de bigotes me dice "Bienvenida" porque piensa que necesito esas palabras para sentirme bien. Aprecio su ánimo, pero no le digo lo que pienso y respondo un hipócrito Gracias.
Y se me quemó la lamparita. Pero no sabemos si es que no tengo luz o se me acabaron las ideas...

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En este momento presto atención a

El movimiento que hacen las hojas del sauce cuando las toca el viento. Lo fría que tengo la mano derecha. Lo calentita que tengo la mano izquierda. La impresión que me genera la flor de la Chira una vez seca, parece tener pelos o pinches. Que siempre me siento con las piernas cruzadas en medio loto, no importa dónde esté sentada. La radio del vecino siempre está prendida para que el perro no se sienta solo. El perro del vecino llorando, porque a pesar de escuchar la radio, se dio cuenta que no hay nadie más. El sonido del teclado de mi compañero que trabaja al lado. El barro en las patas de mi perra Chamamé. Las ganas que tengo de viajar.

Casi perdí mas de lo que tuve...

Lo peor no fue la pelea, no fueron los llantos, no fue caminar cuadras y cuadras discutiendo, ni haber arruinado una noche perfecta. No. Lo peor de todo lo que pasó esa noche, fue su conclusión. Sus palabras, el tono de su voz, como desinteresado, diciendo "Dejame, entonces dejame". Como si esa fuera la única solución posible, lo que yo necesitaba, lo que me haría bien. ¡Claro que no! Pero por alguna razón, capaz para probar que podía, de hecho, vivir sin él, seguí su consejo y me fui sin entender su desinterés o su postura ante la situación. Sin entender nada. Mi sensació n en ese momento era... Como si nada tuviera sentido... Como si todo lo que hubiera hecho antes haya sido en vano y como si todo lo que pudiera hacer de ahora en más, si es que hubiese podido hacer algo, no tenga propósito. Caminé perdida, no sabiendo a dónde ir por un rato hasta que busqué un taxi y sin dejar de llorar le dije a dónde me dirigía, de nuevo, sin saber si realmente quería ir allí....