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Mostrando las entradas etiquetadas como ensayo

Mañana en el Abasto

Una mañana como todas, con sueño. Traté de vestirme con todas las sábanas y colchas, apretando la almohada. Deseando que no me dejaran salir, que me atrapen en un sueño eterno. Y poder disfrutar del frío que hacía afuera, desde la calidez de mi cama. Después de la quinta vez que sonó mi despertador -o al menos la quinta para mí, ya que algunos dicen que cuando yo escucho la quinta, realmente va por la décima- decidí salir de la cama y enfrentarme con el día que se me venía encima sin pedir permiso. Sin intentar combinar mi atuendo, me cubrí de ropas calculando sí, la temperatura que mi monitor mostraba y prontamente iba a afectarme. Siempre y cuando me atreviera a cruzar la puerta. Tarea bastante difícil de realizar por las mañanas. Pero lo logré. Con mi libro en brazos, salí a la calle. Últimamente no observo las mañanas. Últimamente ando con las narices metidas en algún libro. Por lo que no miro por dónde camino ni a dónde voy. Lo bueno es que el trayecto lo sé de memoria, así que no...

Amigo...

Apenas salí de la casa empezó a llover. Y sin dudarlo, condené a mi suerte por este detalle meteorológico. Las gotas eran frías, aunque hacía calor, y me pegaban en la cara nublando mi visión, así que no pude ver bien a dónde me dirigía. Por supuesto, conozco tan bien las calles de este lugar que eso no fue un impedimento para seguir caminado, o por lo menos eso pensé. Seguí caminando, confiando en que mis instintos me llevarían al lugar correcto. No tuve en cuenta lo aturdida que estaba, no había tenido una noche fácil. Creo que por eso, no llegué a dónde debía. No podía dejar de pensar en lo que había pasado. No podía sacar esas imágenes de mi cabeza. Continué mi caminata y me di cuenta que estaba perdida. No sabía a dónde había llegado. No reconocía nada alrededor mío. En un lugar que conocía como la palma de mi mano. De pronto, todo se volvió extraño. Ya no distinguía las calles, todas eran nuevas para mí. El silencio alarmante no era parte de lo que recordaba: calles lle...

Mi templo

No recuerdo exactamente como empezó esta nueva visión del mundo. Siempre quise hacer un curso de fotografía, pero no sé con precisión en qué momento empecé a ver a través del lente constantemente. Aunque tengo un recuerdo, que considero el más lejano en mi memoria. Siempre quise hacer un curso de fotografía y como fallé en seguir el único curso gratuito de la ciudad, me dediqué cada domingo a leer sobre fotografía. Analógica y Digital. Los distintos filtros. La sensibilidad de la luz. Pero ese día, mis ojos vieron distinto. Caminábamos de la mano, hablando de todo y de nada a la vez. Por calles que he caminado muchas veces antes, en los 18 años que llevo aquí, cuando me quedé parada, sorprendida, observando una esquina. Creo que para alguien que cae en la categoría de lo normal, estableciendo que esa categoría fuera dada por alguien que no vive como yo, la esquina no tenía nada fuera de lo común. Era simplemente una esquina, que no llegaba a ser de 90°, sino que era más a...

Mi muerte diaria

Puedo estar delirando de fiebre, puedo estar llorando de dolor, puedo estar sufriendo e incluso deseando mi propia muerte, pero nada de eso es tan malo, cuando pienso, que me salva de ESE lugar. Al despertar por la mañana, suelo contemplar la habitación, tratando de recordar si todo está como lo dejé la noche anterior. No es que crea que hay pequeños duendes malignos que sean capaces de quitarme o mover mis cosas de lugar. No, no temo por esas cosas, temo más por los humanos que por los seres de mi imaginación. Pero eso no es relevante, por lo menos no hoy. Contemplo la habitación. Y aparece. La amargura cae sobre mí como una catarata helada sobre mi cuerpo cálido, como mil espinas, hostigándome, lastimándome la piel. Y me absorbe, sin dejarme escapar. Me entristece pensar de esta manera, pero a la vez no siento que pueda ser de otra forma. Y recuerdo el principio. Apenas unos años atrás, era completamente feliz. Tenía todo lo que cualquier persona de mi edad podía desear...